El lugar donde crecí tiene telarañas y cuevas llenas de polvo y tierra que esconden los pasos de ladrones.
Sus rincones exhalan la vida que ha llenado el aire de historia, de fantasmas y recuerdos románticos. En el día, los personajes salen de sus cajas para reunirse en el mismo lugar, intercambiar silenciosamente la banca y la posición, infinitamente los mismos, los anónimos incansables.
Por la noche, se descose la maraña del tiempo con tentación y melancolía. Nos conocemos los invisibles, nos amamos los inasibles.
El lugar donde crecí se llena de redes de luz y recovecos donde guardar tesosos secretos.
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