
En las sombras de la mañana
nos asumimos estatuas en ruinas.
El corazón de la piedra
se apaga en la mina.
Sin estímulo,
los elementos
se cansan de sus lazos.
La gema se vacía
como una copa al suelo.
La palabra valiente
muere de nuevo
en la tumba sellada,
en la virginidad fanática,
en el carbón inestable
de nuestros cuerpos.
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Entre el frio de la noche
nos asumimos estatuas en ruinas.
Buscamos, con máscara de piedra,
ocualtar el fuego que nos quema,
los nombres que resuenan
sin cesar en la cabeza.
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