7.12.2010

Tormentas

Mira las piernas
cruzando la cintura,
los brazos sobre
los pechos
como olas.

Inhala profunda
la carne ardiente,
el cabello mojado,
el cuello latente;
inúndate de nosotros.

La cama está en calma
por un instante.
Los cuerpos, como dioses
caprichosos,
ya fraguan otra tormenta.

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